
¿Salir de Chávez?
Héctor Cardona R.
La verdad es que el ciudadano común de nuestro tiempo, con tanta y tan variada información a la que tiene acceso, no acaba de saturar su capacidad de asombro por la tan disímil cantidad de argumentos que el discurso de la oposición discurre para salir de Chávez.
Planteábamos en rueda de amigos reciente que el venezolano de a pie de la época de la informática, es mucho más avisado que lo que sus dirigentes piensan. Decir que Chávez debe salir por haber colapsado la educación, es olvidar que en la cuarta república se cobraban cantidades exageradas para ingresar al sistema, inaccesibles para los preteridos de este país.
Mencionar que Chávez debe abandonar la presidencia porque está quebrando el parque industrial del país, es olvidar que muchos de nuestros más conspicuos empresarios se han enriquecido con créditos alegres del Estado que nunca han cancelado, o han encubierto el derrape con la entrega de unos activos sin valor de ninguna especie. El espacio de un artículo de prensa limita, pero hay tantos argumentos chimbos para salir de este gobierno, que pueden ser desmontados sin mucho esfuerzo por quien no tenga necesidad de dejarse ver la manga.
De Chávez hay que salir, sí, pero por haber envilecido aun más el cargo que ocupa, de lo que ya estaba en la cuarta república. Por la falta de respeto permanente al ciudadano, con un lenguaje soez, indecente, de un funcionario público obligado por el empleo que le hemos dado, a empinar la perspectiva cultural por encima de sus propias miserias. Hay que salir de Chávez por haber cometido el crimen -que deberá pagar alguna vez- de dividir irracionalmente a un pueblo, utilizando para ello sin mesura los recursos del Estado, con argumentos falaces, deleznables, con medias verdades que tienen algún asidero en desigualdades que no son producto de supuestas oligarquías, sino en la escasez de criterio de anteriores gobernantes -acentuado en éste- que fueron dejando en el camino, en el horizonte, las posibilidades de igualdad de oportunidades que tuvimos en los inicios de nuestra democracia. En suma, hay que salir de Chávez sobre todo por haber traicionado una esperanza de cambio real de un país, para entrar en un proyecto político absolutamente inviable, de destrucción institucional y generador de miseria.
¿Que Chávez maneja el tesoro nacional con ignorancia e irresponsabilidad, con una alta dosis de corrupción y complicidad frente a los desafueros? Es verdad, pero no es nada nuevo. Eso mismo lo hicieron Caldera, Pérez, Herrera y Lusinchi, y eso no podemos olvidarlo.
Chávez debe salir, sí, pero quien lo sustituya no puede ser el pasado. Y tampoco puede ser el mesías carismático cuyo principal punto de apoyo es el entramado de ofertas a una población, buena parte de la cual quiere seguir medrando de nuestro impuesto. ¡Ojalá hayamos aprendido la lección!
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