Se equivoca el presidente Hugo Chávez al analizar el sentimiento nacional. No, Presidente: aquí nadie quiere secesión. Lo que el país aspira es una pacífica y democrática sucesión
El Jefe del Estado aprovecha el referendo autonómico en la boliviana provincia de Santa Cruz para asegurar que la oposición venezolana, dirigida desde Washington, se propone un plan secesionista para separar parte del territorio nacional, una vez configurado el nuevo mapa político tras las elecciones de gobernadores y alcaldes.
Aparte de una anticipada confesión de que el Gobierno va a perder más o menos la mitad de los gobiernos regionales y locales, las palabras de Chávez son un nuevo intento por amedrentar a los venezolanos para que no voten por los candidatos no oficialistas. Si sacaba a cada rato el trapo de la guerra para aterrorizar a una población que lo que añora es paz, ahora blande el trapo de la secesión para asustar a un país que defiende su integridad nacional pero que no renuncia a la convivencia democrática, basada en el pluralismo, la tolerancia y el respeto personal e institucional.
Más allá del delirio de poquísimos zulianos, en Venezuela no hay cabida para la secesión. El separatismo no ha prendido ni prenderá, por más que el Presidente lo estimule mediante su práctica del apartheid, que ha consistido en desconocer la existencia y legitimidad de aquellos gobiernos regionales y locales que no responden a su caudillaje. El sentimiento nacional está profundamente arraigado en todo el país.
Realizadas las elecciones de noviembre, el Presidente tiene que aceptar y respetar la voluntad del electorado. Los nuevos gobernantes regionales y locales, sean de la tendencia que sean, serán parte integral e inseparable de la institucionalidad republicana. El primero en entenderlo debe ser el Presidente, a quien también los funcionarios electos deben reconocer su condición de Jefe del Estado.
Obligados están todos a someterse a los dictados de la Carta Magna y del referendo del 2-D, según los cuales el mandato presidencial vence indefectiblemente el 2013. Es esa la sucesión -y no la secesión- a la que aspiran los venezolanos, incluidos muchos oficialistas.
Mario Villegas

